Aunque en materia de estética las arrugas o los kilos de más suelen contarse entre las principales preocupaciones de la mujer eso no quiere decir que no haya otras como el escote que también tengan un lugar importante en los cuidados estéticos. Esto se demuestra observando el hecho de que cada día son más frecuentes las operaciones de aumento de mamas o de reducción de pecho en las clínicas de cirugía estética.

Sin embargo, modificar el tamaño del pecho no es suficiente para lucir un escote bonito; es importante también tener la piel del mismo cuidada e hidratada y esto se hace protegiéndola de agresiones externas como el frío y regenerándola a través de una serie de vitaminas o igredientes cosméticos beneficiosos para su cuidado.

Los cosméticos destinados al cuidado de esa zona deben incluir un cóctel de principios activos similar a los del manto hidrolipídico natural de la piel pero reforzado para compensar el daño que el escote puede sufrir como consecuencia de las citadas agresiones externas. La fórmula para hacerlo se basa, principalmente, en tres ingredientes: vitamina E, vitamina A y ácido hialurónico.

La vitamina E es conocida por su capacidad de frenar el envejecimiento capturando y desactivando los radicales libres ejerciendo así una eficiente acción protectora de las membranas celulares. La vitamina A, por su parte, previene el envejecimiento natural y tiene efectos antioxidantes pero además hay estudios que demuestran sus beneficios en cuanto a la prevención del cáncer de piel debido a que contribuye a proteger el ADN de su potencial acción mutagénica.

Por último, el ácido hialurónico es la clave para potenciar la regeneración celular. Además, tiene un gran poder hidratante que se traduce en una capacidad inigualable de captar y retener el agua y reconstruir las fibras que sostienen los tejidos.

Con estos principios activos un escote bonito y cuidado no sólo se traducirá en forma y tamaño sino también en aspecto y en hidratación.

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Aunque en la mayoría de ocasiones las intervenciones de cirugía estética se asocian a un deseo de mejora personal no siempre cumplen este cometido y hay veces en las que pueden servir, por ejemplo, para mejorar la calidad de vida de personas que han pasado por una experiencia difícil como un cáncer.

El aumento de pecho es una de las intervenciones que puede restituir de manera más eficaz esta calidad de vida pero no es la única. Factores como la caída del cabello, la sequedad de la piel, los eccemas, la fotosensibilidad o las reacciones cutáneas son comunes en pacientes con este tipo de problemas y para cada una de estas situaciones hay un tratamiento específico.

En materia estética hay tratamientos que son más necesarios que otros en los pacientes oncológicos y por ejemplo la hidratación es uno de los imprescindibles; no solo la piel debe hidratarse de forma óptima después de haber recibido determinados tratamientos médicos sino que los productos cosméticos empleados por este tipo de pacientes también han de ser específicos. Estos han de estar libres de alcohol, perfume y otras sustancias irritantes o alergizantes indicadas para pieles sensibles y para pieles muy sensibles.

Debido a la difícil situación de estos pacientes hacer que se sientan reconfortados también es importante. Una manera de buscar el bienestar es llevar a cabo tratamientos de masajes que a su vez hidratan y refrescan la piel activando la circulación. El contacto manual favorece la relajación y no es necesaria la intervención de un fisioterapeuta para que el cuerpo se descontracture.

Otro tratamiento también muy usual es el que afecta al cuero cabelludo; un masaje relajante en la cabeza llevado a cabo con un aceite reparador y nutritivo es muy recomendable en pacientes oncologicos y puede ser complementados con un peeling suave que actúe como limpieza de la piel.

En definitiva, las opciones son tantas como en los tratamientos estéticos empleados en cualquier persona pero en estos perfiles de pacientes la satisfacción para con los resultados es todavía mayor puesto que al logro estético se une el logro de la salud física y emocional.

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En los últimos años la cirugía mamaria ha evolucionado considerablemente; mientras que antes se centraba casi exclusivamente en el tamaño de los senos ahora se ha diversificado y se ocupa también de otras intervenciones como la reducción de pecho o la elevación de los mismos. Ante las distintas posibilidades existentes no es raro que la paciente se pregunte qué necesita exactamente para tener un pecho perfecto antes de llegar a la clínica de cirugía estética correspondiente.

El asesoramiento de un profesional siempre es de gran ayuda en este punto; la paciente puede tener claro que, por ejemplo, quiere aumentar el volumen de sus senos en vez de reducirlo pero, ¿es esta en todos los casos la solución para obtener un pecho perfecto? Muchas veces se confunde el volumen con la posición y tener un pecho más grande no significa que éste no esté caído sino más bien al contrario; hay más posibilidades de que esto suceda.

Los factores que influyen en la caída del pecho son muchos; la fuerza de la gravedad actúa antes o después sobre el busto y factores como el embarazo, la lactancia, el paso de los años y la falta de tonicidad muscular aceleran el proceso. La edad a la que la caída del pecho comienza a ser una realidad es variable; puede ocurrirle a mujeres jóvenes que hayan sido madres o a mujeres mayores debido a la flacidez fruto de la edad.

Para contrarrestar ese problema no es necesario un mayor volumen sino un reposicionamiento del pecho; una técnica más conocida como mastopexia o elevación de senos. Esta intervención es más compleja que la del aumento de pechos porque en ella influyen factores como la calidad de la piel, la consistencia de la glándula mamaria y el grado de caída del pezón y de la areola. No obstante, si se lleva a cabo por profesionales de la cirugía estética los resultados están garantizados.

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Cuando se habla de aumentar el pecho la palabra prótesis aparece sin duda en la mente del paciente. Hasta hace unos años éstas eran la única manera de conseguir un mayor volumen en el busto pero eso ha cambiado de un tiempo a esta parte puesto que ahora ya es posible llevar a cabo una operación de aumento de pecho sin necesidad alguna de utilizar prótesis. La clave está en utilizar la propia grasa del paciente.

Esta técnica se realiza extrayendo grasa de aquellas zonas del cuerpo en las que hay un exceso; el objetivo es inyectarla posteriormente en los pechos. Esto puede ser fácil de exponer grosso modo pero, ¿en qué consiste exactamente una operación de este tipo y cuando se puede realizar?

En primer lugar hay que tener en cuenta que esta técnica es factible para todas aquellas mujeres que tienen volúmenes de grasa localizados en otras partes del cuerpo y que deseen aumentar en una talla su pecho. La técnica aporta de esta manera una doble ventaja ya que además de mejorar la forma y el volumen de los senos dándoles un aspecto natural, redefine la silueta al eliminar la grasa sobrante de ciertas zonas.

Pero este `dos en uno´ no es el único aspecto positivo de esta intervención. Al evitar las prótesis se evitan también posibles complicaciones derivadas de las mismas tales como la contractura capsular o endurecimiento del pecho, la rotura del implante o la pérdida de sensibilidad de algunas partes de la mama.

Una sola intervención es suficiente para conseguir una mejora estética del pecho y del resto de la silueta mostrando unos resultados estéticos muy naturales tanto a la vista como al tacto. Además, la grasa se introduce mediante inyección de manera indolora evitando las cicatrices. Sólo hay un último requisito para conseguir el éxito en esta intervención: ponerse en manos de profesionales de la cirugía estética.

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Desde que las mujeres comenzaron a operarse el pecho ha habido muchos avances en esta intervención y el objetivo principal ante el proceso también ha cambiado. Mientras que antes se pretendía tener el máximo volumen posible, ahora la naturalidad prima por encima del tamaño.

Aunque es cierto que la mayoría de intervenciones van destinadas a un aumento de mamas, no se persigue un resultado artificial sino más bien todo lo contrario: que la operación no se note. Sin embargo, que un pecho operado resulte natural no es fácil; más bien es un reto para los profesionales que llevan a cabo este tipo de operaciones. Por este motivo es fundamental, en primer lugar, acudir a la clínica de cirugía estética adecuada al decidirse a someterse a esta intervención.

En segundo lugar, hay que tener claras las claves de un pecho natural. Por ejemplo, el pecho operado no debe quedar algo cuando la paciente se incorpore puesto que si así fuera tendría un aspecto de bola que poco tiene que ver con el que tienen unas mamas naturales.

Del mismo modo, no solo el aspecto es importante sino también la sensación que una mujer tiene con un pecho operado; éste debe moverse de forma natural cuando ella se mueva. También deberá caer libremente hacia los lados cuando la paciente esté acostada boca arriba. El objetivo es mejorar la figura pero sin que parezca que la prótesis no forma parte del propio cuerpo, más bien todo lo contrario.

Por último, otra de las claves de un pecho natural es la textura; en lugar de que el pecho sea duro al tacto debe recordar a una mama sin operar.  Siguiendo todos estos pasos será difícil determinar si un pecho está operado o no; ahí reside el verdadero éxito de las operaciones de pecho.

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Aunque la forma y el tamaño del pecho son dos de los factores estéticos que más preocupan a las mujeres esto no quiere decir que siempre vayan enfocados de la misma manera. Hay quien quisiera tener senos más grandes, más pequeños, más elevados, más firmes o mejor posicionados; afortunadamente existe una amplia variedad de prótesis en cuanto a tamaño y morfología que permite que la cirugía de senos se adapte a las necesidades y preferencias de cada persona.

Tener un pecho más alto, más bajo, más junto, más separado, más natural o más exuberante; cualquiera de estas opciones es posible si se utiliza el método adecuado pero primero y antes que nada hay que realizar un estudio antropométrico del paciente para poder aconsejarle acerca del tipo de prótesis y del tamaño más indicado para su caso. También es importante determinar la vía de incisión; ésta puede efectuarse por las axilas o por la areola del pecho entre otras posibilidades.

Muchos doctores coinciden en que el verdadero éxito de la cirugía no está en la mejora estética que se realiza en el cuerpo de cada paciente sino en los beneficios psicológicos que este cambio de imagen le reporta a nivel de autoestima y confianza en sí mismo. Por este motivo igual de importante que llevar a cabo la operación es escuchar al paciente antes y después de la misma para lograr que el resultado se acerque lo máximo posible a sus necesidades.

El acto quirúrgico, por su parte, es sencillo y el tiempo de intervención es mínimo de manera que sólo es necesario el ingreso durante una noche y como medida de precaución y, pese a que en las primeras horas se extremará los cuidados, las molestias iniciales desaparecerán en poco tiempo. Eso sí, al igual que es necesario el seguimiento previo a la operación también lo es el posterior al mismo; sólo así se garantiza la salud del paciente y con ello el éxito en la intervención.

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La dieta equilibrada para adelgazar y el ejercicio físico son buenas opciones para conservar la figura pero a veces se hacen insuficientes, ¿el motivo? Hay grasa que se acumula en puntos estratégicos del organismo y difícilmente los abandona a no ser que se empleen métodos como la liposucción.

Esta sigue siendo una de las técnicas más demandada por quienes deciden someterse a una intervención de cirugía estética tanto por la seguridad que aporta como por unos resultados que mejoran constantemente gracias al perfeccionamiento de la aparatología y las técnicas existentes.

Una de estas técnicas suma a la eliminación de la grasa la mejora de la calidad de la piel. Se trata de la combinación de Lipomatic, un aparato que aspira la grasa a través de finas cánulas, con radiofrecuencia, un tipo de energía que mejora la calidad de la piel que ha sido afectada en este primer paso.

Un motor de aire comprimido es lo que hace funcionar esta aparatología para eliminar grasa que permite además movimientos longitudinales y circulares al mismo tiempo, algo que facilita una extracción homogénea de la grasa y evita irregularidades en la piel. Con este método se pueden tratar muslos, cartucheras, abdominales, brazos y otras zonas del cuerpo.

En cuanto a la radiofrecuencia, esta técnica funciona elevando la temperatura interna de los tejidos, lo cual favorece un movimiento molecular en las capas más profundas de la piel  dando lugar a una contracción del colágeno existente. Por su parte, la superficie de la piel se protege con un sistema de enfriamiento. Con este proceso los contornos corporales que han sido alterados por el exceso de grasa se redefinen y mejora el aspecto de la celulitis o de la llamada piel de naranja.

En definitiva, reducir la grasa es el principal objetivo de cualquier liposucción pero si ésta además incorpora una técnica para que la piel esté acorde con el resultado estético de la misma, ¿por qué pensárselo?

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Muchas mujeres quisiera mejorar sus pechos; tal vez aumentando el tamaño de los mismos o simplemente elevándolos para conseguir un escote firme y sin arrugas. Aunque el objetivo está muy definido hay algo que frena a muchas de estas mujeres: el miedo a las cicatrices.

Para acabar con este problema lo mejor es hacer uso de una técnica que permite la elevación o la suspensión de las mamas sin dejar ningún tipo de marca. El proceso se realiza mediante hilos o suturas de fijación y los resultados son excelentes en mamas no muy voluminosas y con poca firmeza.

Estos hilos tensores se introducen mediante un pasador en la parte superior de la mama recogiendo la parte inferior y elevándola a su aspecto natural. La fijación a la glándula de estos hilos permite que la mama se eleve en la posición que le corresponde sobre el músculo.

Esta técnica es mínimamente invasiva y los resultados obtenidos son naturales. Además, evita las cicatrices que se forman habitualmente alrededor del pezón que provoca la mastopexia tradicional. Asimismo la recuperación de la paciente es más rápida y los cuidados postoperatorios son de carácter más leve.

Lo único imprescindible es acudir a una clínica profesional de cirugía estética para someterse a esta intervención puesto que sólo así se garantizan resultados eficaces y, lo más importante, que no influyan en la salud de la piel.

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Estar a gusto con el físico que cada uno tiene sería lo ideal pero a veces problemas de celulitis o de aumento de peso no lo hacen posible. Ante esto hay varias opciones: someterse a tratamientos especializados, seguir una dieta equilibrada para adelgazar, realizar ejercicio físico con regularidad o aún mejor: combinar las tres acciones.

Para realizar ejercicio físico lo mejor es acudir al gimnasio, para someterse a una liposucción hay que visitar una clínica de cirugía estética, pero ¿y para comenzar una dieta? Son muchos los que piensan que en este caso no es necesaria ayuda profesional, sin embargo, si se pretende conseguir resultados óptimos sin riesgo para la salud sí que es imprescindible realizarla bajo seguimiento médico.

Un profesional podrá aconsejar sobre el tipo de dieta a seguir dando prioridad a aquellas que reúnan alimentos de todos los grupos y que sean equilibradas. Una de las que reúne estas características es la dieta de la zona, especializada en las áreas difíciles como la cadera y los muslos, en las que se acumula la celulitis.

La dieta de la zona consiste en regular las hormonas a la vez que se va eliminando grasa. El mal drenaje, la acumulación de líquidos, el estreñimiento y la mala oxigenación de la piel agravan el problema de los kilos de más y por ello es necesario combatir estos factores con alimentos diuréticos y ricos en fibra, que son la base de esta dieta.

Por otra parte, comer poco y a menudo es también imprescindible. Frutas y verduras así como carne y pescados a la plancha son los alimentos aconsejados en las fases de esta dieta frente a otros que deben evitarse como la pasta, el arroz o los cereales que se pueden consumir pero con moderación. Lo fundamental es disminuir la ingesta de grasas saturadas y de origen vegetal y tomar en cada comida los grupos de nutrientes necesarios para el equilibrio hormonal.

La proporción calórica debe ser del 40% de hidratos de carbono, del 30% para las grasas y del 30% para las proteínas. Por último, es conveniente incidir en el hecho de que si esta dieta se complementa con ejercicio y con ayuda profesional los resultados serán mucho más visibles y duraderos.

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Cualquier cambio estético en el cuerpo implica una decisión importante; lo más aconsejable es que este tipo de decisiones se tomen con la ayuda y el asesoramiento de un profesional ya que éste será el que determine si los retoques son necesarios y si van a perjudicar en algo la salud. Cuando se trata de un aumento de pecho hay que tener en cuenta además otro factor importante: el tipo de prótesis adecuada para cada caso.

La elección del tipo de implante y de su tamaño es una fase imprescindible en el proceso de aumento de pechos. El resultado final de la intervención dependerá mucho de que este paso se realice de manera adecuada; la anatomía del paciente, la calidad y el grosor de los tejidos blandos que sostendrán la prótesis y sus preferencias y expectativas son factores que el cirujano tendrá que tener en cuenta a la hora de tomar esta decisión.

El paciente además debe recibir la información necesaria en la clínica de cirugía estética a la que acuda. En ella deberán ilustrarle sobre el tipo de prótesis por el que puede optar; hay distintos modelos pero normalmente se pueden dividir entre redondas o anatómicas (en forma de gota).

Las prótesis redondas están indicadas para pacientes que tengan un pecho armónico, redondo y terso y lo que quieran sea aumentar el tamaño sin alterar la forma. Son muy usuales en casos en los que, después de un embarazo o de una lactancia, la mujer tiene la parte superior de la mama vacía.

En cuanto a las prótesis anatómicas, éstas suelen utilizarse en casos en los que el pecho de la paciente es pequeño y por tanto su forma va a depender, prácticamente de manera exclusiva, de la forma de la prótesis. Las pacientes que demandan un resultado muy natural o aquellas que tienen el pecho levemente caído suelen tener el perfil adecuado para este tipo de implantes. Para las que tengan el pecho gravemente caído no será suficiente con esta prótesis; necesitarán además una elevación y remodelación de la mama a través de una intervención denominada mastopexia.

Conocer las diferentes opciones no sólo aumenta las posibilidades de tomar una decisión adecuada; también proporciona seguridad a la paciente a la hora de enfrentarse a una intervención. Por esta razón en cualquier tratamiento estético el asesoramiento previo es tan importante como la aplicación del proceso en sí.

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